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Observar nuestro planeta para un futuro mejor

Mensaje de Michel Jarraud, Secretario General de la OMM,
con motivo del Día Meteorológico Mundial de 2008

 

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En los archivos de las civilizaciones antiguas aparecen innumerables referencias al tiempo y al clima, y las distintas culturas concibieron rudimentarios pero ingeniosos instrumentos para observar los parámetros meteorológicos básicos, a menudo conjuntamente con la astronomía y la astrología. A mediados del siglo XVII la humanidad estaba empezando a recoger datos de manera sistemática para tratar de establecer unas características meteorológicas que permitieran conocer el tiempo en el futuro; con todo, y a pesar de que resulta evidente que los fenómenos meteorológicos tienen un carácter transfronterizo, todavía llevó bastante tiempo establecer el concepto de observaciones meteorológicas coordinadas a escala internacional.
Fernando II de Toscana estableció la primera red meteorológica internacional en 1654. Siete de las estaciones de esa red estaban ubicadas en el norte de Italia y las cuatro restantes en Varsovia, París, Innsbruck y Osnabrück. En aquella época en Florencia se hacían 15 observaciones todos los días. El siguiente hito importante se produjo en 1780 cuando la Societas Meteorologica Palatina, nombre latino adoptado por la Sociedad Meteorológica de Mannheim, creó una red de 39 estaciones: 37 en Europa y dos en América del Norte. Aunque esa red sólo duró 12 años, supuso un importante paso adelante ya que las observaciones meteorológicas se llevaban a cabo con instrumentos cuidadosamente calibrados y ateniéndose a prácticas normalizadas. Las observaciones importantes se hicieron constar en una serie de anuarios, la Ephemerides Societatis Meteorologicae Palatinae.

Sin embargo, la auspiciosa Ephemerides también fue efímera, por lo que llevaría más de medio siglo poner en marcha la estructura necesaria para volver a lanzar el concepto de observaciones meteorológicas coordinadas a escala internacional, lo que se logró gracias a la primera Conferencia Meteorológica Internacional (Bruselas, 1853) y al primer Congreso Meteorológico Internacional (Viena, 1873). El concepto se hizo realidad con la creación de la Organización Meteorológica Internacional, precursora de la actual Organización Meteorológica Mundial.

El primer ejemplo destacado de la importancia de esta colaboración coordinada llegó en seguida de la mano del primer Año polar internacional (1882-1883), iniciativa conjunta llevada a cabo por 12 países con el fin de establecer y poner en funcionamiento 12 estaciones en el Polo Norte y dos en la Antártida. Además de mediciones estrictamente meteorológicas, se llevaron a cabo observaciones en un ámbito más amplio, que abarcaba el geomagnetismo, la electricidad atmosférica, la oceanografía, la glaciología y la toma de muestras atmosféricas. Más de 40 observatorios de diferentes partes del mundo participaron en esa empresa científica.

El 23 de marzo de 1950 entró en vigor el Convenio de la Organización Meteorológica Mundial, por lo que en esa fecha se celebra todos los años el Día Meteorológico Mundial. Poco después, en 1951, se designó a la OMM como organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas. Se ha hecho habitual que el Consejo Ejecutivo de la OMM seleccione un tema específico para conmemorar cada Día Meteorológico Mundial. En su 58.ª reunión (Ginebra, junio de 2006), el Consejo decidió que el tema para el Día Meteorológico Mundial de 2008 sería “Observar nuestro planeta para un futuro mejor”, como reconocimiento de los beneficios científicos y socioeconómicos obtenidos por los Miembros de la OMM, sus Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) y la Organización en su conjunto de las observaciones ampliadas, variadas y autorizadas llevadas a cabo en el contexto del mandato de la OMM en el ámbito del tiempo, el clima y el agua.

Cabe señalar que, poco después de que la OMM tomara el relevo de las funciones que venía ejerciendo la Organización Meteorológica Internacional —hace ahora unos 50 años—, satélites artificiales empezaron a orbitar nuestro planeta y pronto se convirtieron en nuestros ojos en el cielo al facilitarnos imágenes y otra información vital sobre la naturaleza realmente mundial de las nubes y del tiempo significativo. Independientemente de esto, pero casi al mismo tiempo, la computadora electrónica estaba alcanzando un grado tal de perfeccionamiento que los científicos podían empezar a plantearse realmente que los métodos que Richardson propuso por primera vez en el libro Weather Prediction by Numerical Methods (Obtención de predicciones meteorológicas mediante métodos numéricos), publicado en 1922, eran realmente viables. De hecho, en 1950, el mismo año en que el Convenio de la OMM entró en vigor, Charney, Fjørtoft y von Neumann publicaron la primera predicción numérica del tiempo realizada satisfactoriamente con medios informáticos.

La comunidad científica no dudó en reconocer la importancia de estos dos destacados logros tecnológicos, que llevaron a la Asamblea General de las Naciones Unidas a aprobar la Resolución 1721/XVI sobre la Utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos el 20 de diciembre de 1961. En ella se pide a la OMM que elabore un plan para aprovechar las nuevas oportunidades que brindan esos logros. La Resolución trajo consigo dos avances importantes, a saber: el lanzamiento del Programa de investigación global de la atmósfera (GARP) y de la Vigilancia Meteorológica Mundial (VMM) de la OMM, que pronto se convertiría en su Programa fundamental para normalizar, recopilar, analizar, procesar y distribuir en todo el mundo información meteorológica y de otro tipo sobre el medio ambiente, y que constituiría la base sobre la cual se asentarían todos los demás Programas de la OMM. La VMM se puso en marcha en 1963 con la aprobación del Cuarto Congreso Meteorológico Mundial. Uno de sus tres principales componentes era el Sistema Mundial de Observación (SMO), compuesto por todos los servicios e instalaciones necesarios en tierra, mar, aire y el espacio ultraterrestre para la observación y la medición de los parámetros meteorológicos.

photo   Aunque hayan transcurrido casi 45 años desde entonces, la VMM sigue siendo tan fundamental para la OMM hoy en día como lo era entonces, por lo que tanto la Organización como los SMHN de sus 188 Miembros la actualizan y mejoran constantemente.

Aunque hayan transcurrido casi 45 años desde entonces, la VMM sigue siendo tan fundamental para la OMM hoy en día como lo era entonces, por lo que tanto la Organización como los SMHN de sus 188 Miembros la actualizan y mejoran constantemente. Por esta razón, el Decimoquinto Congreso Meteorológico Mundial (Ginebra, mayo de 2007) aprobó un enfoque transectorial para una mejor integración de todos los sistemas de observación de la OMM. Esa integración consiste en establecer una estructura completa, coordinada y sostenible que garantice la interoperabilidad de sus sistemas componentes, y en crear y ejecutar el Sistema de información de la OMM (SIO), según se contempla en el Plan Estratégico de la OMM (también aprobado por el Congreso).

El Congreso decidió denominar esta iniciativa WIGOS (Sistema mundial integrado de observación de la OMM) y le concedió la máxima prioridad. Además, tomó nota de que la labor de integración debía llevarse a cabo en paralelo a las actividades de planificación y ejecución del SIO para que se pueda disponer de un sistema de sistemas de la OMM integrado y enfocado a mejorar la capacidad de los Miembros para prestar una gama más amplia y eficaz de servicios y a satisfacer más adecuadamente las necesidades de los programas de investigación de la OMM.

Sin duda, la integración mejorada de todos los sistemas de observación de la OMM aportará una contribución importante a la prestación de servicios relacionados con el tiempo, el clima y el agua. Para ese fin se deberá tener en cuenta especialmente si los distintos Miembros poseen la capacidad de facilitar información con la resolución, exactitud, fiabilidad y oportunidad necesarias para satisfacer las necesidades de todos los usuarios. Habrá que hacer más investigaciones y avances con el fin de completar, según corresponda, los sistemas de observación actuales. Asimismo, serán necesarios más avances científicos para mejorar las técnicas y modelos de asimilación de datos a fin de que se obtenga el mayor número posible de información útil a partir de las observaciones.

No cabe duda de que un sistema mundial integrado de observación, apoyado por un sistema integrado de información, contribuirá de forma destacada a la obtención de beneficios socioeconómicos a partir de una amplia variedad de productos y servicios meteorológicos, climáticos e hidrológicos, especialmente los que se utilizan para la protección de vidas humanas, medios de subsistencia y bienes; la salud y el bienestar; la seguridad en tierra, mar y aire; el crecimiento económico; la protección de los recursos naturales y la calidad del medio ambiente; y de que contribuirá a las actividades de reducción de los riesgos de desastres naturales, en particular, las relacionadas con la adaptación al cambio climático mundial.

Por otra parte, con la mejora de la integración de sus sistemas de observación la OMM contribuye de manera significativa a la iniciativa del Grupo internacional de observación de la Tierra de crear una Red mundial de sistemas de observación de la Tierra (GEOSS) basada en los sistemas nacionales, regionales e internacionales existentes con el fin de integrar todavía más sus respectivas competencias. Los sistemas de observación de la OMM son componentes fundamentales de la GEOSS, por lo que su eficacia dependerá de la del WIGOS.

En el contexto de la reducción de los riesgos de desastres naturales, cabe mencionar que el tiempo, el clima y el agua pueden tener repercusiones en casi todos los aspectos de la vida. Como sin duda sabrán, esas repercusiones van en aumento y afectan especialmente a las economías en desarrollo. Nueve de cada diez desastres naturales están vinculados a peligros hidrometeorológicos. Esos peligros causaron la muerte de 1,2 millones de personas entre 1980 y 2000 y sus secuelas costaron más de 900 000 millones de dólares de los Estados Unidos. La prestación de productos y servicios adecuados por los SMHN a las instancias normativas, los medios de comunicación y el público en general puede reducir significativamente los efectos de esos fenómenos ya que, aunque los peligros naturales no se pueden prevenir, la utilización de alertas tempranas adecuadas puede servir para aminorar considerablemente sus efectos perjudiciales.

En los últimos decenios también ha crecido el número de comunidades vulnerables debido a un aumento de la urbanización, los desplazamientos de población a zonas más frágiles, como las costas, las tierras bajas, los megadeltas y las llanuras aluviales, y la expansión de las comunidades a zonas áridas. El incremento de la intensidad y la frecuencia de los fenómenos extremos que se prevé acompañe al cambio climático exacerbará todavía más su vulnerabilidad. Así pues, las instancias decisorias y los gestores de las respuestas de emergencia necesitarán más información para formular los planes más adecuados a situaciones de emergencia.

Por otra parte, las actividades socioeconómicas —tales como la agricultura, el transporte, la producción de energía y la gestión de los recursos hídricos— cada vez tienen mayor necesidad de información relacionada con el tiempo, el clima y el agua. Todas esas actividades tienen potencial para proporcionar unos beneficios mucho mayores al desarrollo mediante una inversión moderada en la creación de capacidad.

Como conclusión de este mensaje anual me gustaría subrayar lo siguiente: el hecho de que el tema del Día Meteorológico Mundial de este año sea “Observar nuestro planeta para un futuro mejor” no es en absoluto por casualidad. En el año transcurrido desde el anterior Día Meteorológico Mundial se han producido varios eventos importantes que han realzado la importancia vital y sin precedentes de las observaciones mundiales.

En relación con esto, me gustaría recordar en primer lugar que el tema del Día Meteorológico Mundial en 2007 hacía referencia al inicio del Año polar internacional (API) 2007-2008, que la OMM copatrocina en asociación con el Consejo Internacional para la Ciencia. Hoy, a principios del segundo Año polar, puedo afirmar sin temor a equivocarme que los resultados obtenidos de las observaciones realizadas en las regiones polares justifican cotidianamente la importancia de que la OMM haya emprendido esta empresa científica. Por ejemplo, en septiembre, a finales de la temporada de fusión de los hielos marinos, la extensión media del hielo marino era de apenas 4,28 millones de kilómetros cuadrados, la más baja jamás registrada, e inferior en un 23% al récord registrado tan solo dos años antes. Por primera vez en los anales de la historia, la desaparición del hielo en varias partes del Ártico permitió que el legendario Paso del Noroeste fuera navegable durante algunas semanas, como habían buscado durante siglos exploradores y comerciantes.

En segundo lugar, y en un contexto similar, el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), copatrocinado por la OMM desde 1988 conjuntamente con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, finalizó recientemente su Cuarto informe de evaluación, en el que señala, en particular, que el calentamiento del sistema climático es evidente, como se desprende inequívocamente de los incrementos observados en las temperaturas medias mundiales del aire y los océanos, del derretimiento generalizado de la nieve y el hielo y del aumento a escala mundial del nivel medio del mar. Afirma, además, que gran parte del aumento de las temperaturas medias mundiales observado desde mediados del siglo XX se debe, muy probablemente, al incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero antropógenos. Por otra parte, el IPCC indica que son muchos los que coinciden en que, con las políticas actuales de mitigación del cambio climático y las prácticas de desarrollo sostenible conexas, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero seguirán creciendo en los próximos decenios, e indica que múltiples pruebas apuntan en esa dirección.

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Poco después de que se adoptara la última parte del Cuarto informe de evaluación en Valencia (España) en noviembre de 2007, el IPCC recibió el Premio Nobel de la Paz 2007 en Oslo (Noruega), compartido con el Sr. Albert A. Gore Jr., debido a “sus esfuerzos por aumentar los conocimientos sobre el cambio climático de origen humano y divulgarlos, y por sentar las bases de las medidas necesarias para contrarrestar ese cambio”.

Por último, la 13.ª reunión de la Conferencia de las Partes (CP 13) en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) se celebró en Bali (Indonesia) en diciembre de 2007. La CP acogió con satisfacción el Cuarto informe de evaluación del IPCC y manifestó su agradecimiento y gratitud a los que participaron en su elaboración por el excelente trabajo realizado. La CP reconoció que el Cuarto informe es la evaluación más global y autorizada del cambio climático que se haya hecho hasta la fecha, y que facilita una perspectiva científica, técnica y socioeconómica integrada sobre cuestiones importantes. Invitó al IPCC a seguir proporcionando oportunamente información a las Partes en la Convención sobre los aspectos científicos, técnicos y socioeconómicos más recientes del cambio climático, incluidas la mitigación y la adaptación. Además, la CP aprobó las Directrices de la Convención Marco para la presentación de informes sobre los sistemas mundiales de observación del cambio climático revisadas.

Durante la 13.ª reunión de la Conferencia de las Partes la OMM hizo hincapié en el hecho de que numerosos países en desarrollo vulnerables ya están experimentando considerables dificultades para mantener sus redes de observación y necesitarán más apoyo en el ámbito de la creación de capacidad. Asimismo, recalcó que la mejora de la investigación científica y de la vigilancia y predicción del clima son elementos fundamentales para la protección de la vida y los bienes, por lo que estos países deberían estar capacitados para utilizar adecuadamente sistemas de alerta temprana en sus actividades de reducción de los riesgos de desastres naturales, lo que contribuirá a aumentar su desarrollo sostenible.

Una vez más, la OMM ha estado a la altura de los desafíos impuestos por la necesidad de alcanzar un desarrollo sostenible, reducir las pérdidas de vidas y bienes ocasionadas por los desastres naturales y otras catástrofes relacionadas con el tiempo, el clima y el agua, así como de proteger el medio ambiente y el clima mundial para las generaciones presentes y futuras. Ese papel se reconoce en el nuevo preámbulo del Convenio de la OMM, adoptado por el Decimoquinto Congreso Meteorológico Mundial, así como la importancia de disponer de un sistema internacional integrado para la observación, recopilación, proceso y distribución de datos y productos meteorológicos, hidrológicos y conexos.

Por ello, deseo felicitar a todos los Miembros de la OMM con ocasión del Día Meteorológico Mundial de 2008.

 

 

 

 

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