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Peligros naturales

Los peligros naturales son fenómenos meteorológicos y climáticos extremos que se producen por causas naturales en cualquier lugar del mundo, aunque existen regiones más vulnerables que otras. Estos fenómenos constituyen desastres naturales cuando ocasionan la destrucción de vidas y de medios de subsistencia entre la población. Las pérdidas humanas y materiales causadas por los desastres naturales son un gran obstáculo al desarrollo sostenible.
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La emisión de predicciones y avisos exactos en términos comprensibles y las instrucciones a la población para prepararse frente a esos fenómenos antes de que lleguen a convertirse en desastres ayudan a proteger las vidas y los bienes.

Las actividades de la OMM están integradas y coordinadas con otras organizaciones internacionales, regionales y nacionales. La OMM coordina los esfuerzos de los SMHN por aminorar las pérdidas de vidas y de bienes mediante la mejora de los servicios de predicción y alerta temprana, y mediante evaluaciones de riesgos y campañas de sensibilización del público.

Lo que importa es reducir los riesgos de desastre: un dólar invertido en preparativos puede evitar pérdidas económicas cifradas en siete dólares: una inversión claramente beneficiosa. El objetivo de la OMM es reducir en un 50 por ciento de aquí a 2019 el promedio de víctimas por esa causa durante el período 1994-2003 como consecuencia de desastres naturales de orden meteorológico, climático o hidrológicos. Los peligros naturales acaecen en escalas temporales y geográficas diferentes, y cada uno de ellos es, a su manera, único. Los tornados y las crecidas repentinas son fenómenos violentos, de corta duración, que afectan a extensiones relativamente pequeñas. Otros, como las sequías, evolucionan lentamente, aunque pueden afectar a buena parte de un continente y a poblaciones enteras durante meses o incluso años. Un fenómeno meteorológico extremo puede entrañar múltiples fuentes de riesgo, ya sea simultáneamente o en rápida sucesión. Además de fuertes vientos y lluvias, una tempestad tropical puede ocasionar crecidas y deslizamientos de lodo. En latitudes templadas, los estados del tiempo estivales de efectos muy adversos (tormentas con o sin descargas eléctricas, tornados) pueden ir acompañados de granizo intenso o de crecidas repentinas. Las tempestades de invierno, con sus fuertes vientos y nevadas o lluvias engelantes, pueden contribuir también a la aparición de avalanchas en ciertas laderas de montaña y a fuertes escorrentías o crecidas durante la temporada del deshielo.

Ciertos Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y centros especializados se ocupan de investigar fenómenos geofísicos peligrosos, como explosiones volcánicas (cenizas transportadas por el aire) o tsunamis, sustancias peligrosas en suspensión aérea (radionucleidos, sustancias biológicas o químicas), o episodios de contaminación urbana aguda.

Sequías

La causa principal de las sequías es la falta de lluvia. La sequía es un fenómeno diferente de los demás, ya que se desarrolla lentamente, a veces durante años, y su aparición puede estar enmascarada por varios factores. Las sequías pueden ser devastadoras: los suministros de agua se agotan, los cultivos no progresan, los animales mueren, y la malnutrición y la salud endeble se extienden por doquier.

Ciclones tropicales

La OMM ayuda a los Miembros a implantar sistemas nacionales coordinados a nivel nacional y regional que permitan reducir al mínimo las pérdidas de vidas y los daños causados por los ciclones tropicales. Los ciclones tropicales son áreas de presión atmosférica muy baja situadas sobre aguas tropicales y subtropicales, que se convierten en una enorme masa de aire circulante acompañada de tormentas de hasta centenares de kilómetros de extensión. En superficie, los vientos pueden alcanzar velocidades superiores a 200 km por hora. Las olas causadas por el viento, sumadas a las bajas presiones que acompañan a un ciclón tropical, pueden desencadenar mareas de tempestad en las costas; en otras palabras, descomunales masas de agua impulsadas hacia la orilla a gran velocidad y con inmensa fuerza, que pueden arrasar todo cuanto encuentran en su camino. En 1970 una enorme marea de tempestad causó 300.000 víctimas en los humedales de las costas de Bangladesh. Cada año se producen aproximadamente 80 ciclones tropicales. Su nombre depende de la región: se denominan tifones en el Pacífico Norte occidental y en el Mar del Sur de China; huracanes en el Atlántico, en el Caribe y en el Golfo de México, y en el centro y nordeste del Océano Pacífico; y ciclones tropicales en el Océano Índico y en la región del Pacífico Sur. El Programa de Ciclones Tropicales de la OMM proporciona información sobre estos fenómenos, y el Centro de información de la OMM sobre fenómenos meteorológicos violentos emite advertencias de ciclón tropical en tiempo real.

Contaminación del aire

Los contaminantes consisten generalmente en partículas y gases nocivos procedentes de la industria, los vehículos y las actividades humanas. Humos y neblinas de humo son una de las consecuencias de los incendios de bosques o de vegetación natural, de la roza y quema de bosques, de la tala de árboles para cultivos, o de explosiones volcánicas en condiciones atmosféricas estables. El humo, la neblina de humo y la contaminación tienen implicaciones graves para la salud humana y, de hecho, la población local puede verse obligada a utilizar máscaras antigás. Reducen la visibilidad y pueden perturbar el tráfico aéreo y vial. El smog, la lluvia ácida, el agujero de ozono y un aumento adverso del efecto invernadero son también fenómenos causados por la contaminación del aire. Las condiciones atmosféricas estables fomentan frecuentemente la concentración de los contaminantes. El Programa de Investigación de la Atmósfera y el Medio Ambiente de la OMM administra el programa de Vigilancia de la Atmósfera Global, que recopila observaciones sobre los contaminantes atmosféricos.

Langostas del desierto

La langosta del desierto inflige daños en tierras de África, Oriente Medio, Asia y el sur de Europa. Cuando las condiciones meteorológicas y ecológicas favorecen el apareamiento, los insectos se ven constreñidos a ocupar un espacio muy pequeño. En ese momento dejan de actuar como individuos y comienzan a comportarse como grupo. En pocos meses se forman enjambres enormes que vuelan a favor del viento en busca de alimentos. Los enjambres pueden ocupar extensiones de docenas de kilómetros y avanzar hasta 200 km al día. Una pequeña parte de un enjambre normal (aproximadamente, una tonelada de langostas) ingiere en un solo día la misma cantidad de comida que diez elefantes, 25 camellos o 2.500 personas. La langosta pone en peligro la vida de millones de agricultores y ganaderos en entornos ya de por sí frágiles. Las plagas de langosta que sobrevienen durante períodos de sequía o al finalizar éstos pueden causar desastres todavía mayores, como sucedió en 2005 en varios países del Sahel. El Servicio mundial de información agrometeorológica (WAMIS), un sitio web patrocinado por la OMM, ofrece una página sobre el estado del tiempo y las langostas, con información meteorológica de utilidad para la vigilancia y el control de las langostas del desierto.

Crecidas y crecidas repentinas

Las crecidas pueden acontecer en un lugar cualquiera tras una precipitación intensa de lluvia. Todas las llanuras inundables son vulnerables, y las tempestades intensas pueden originar crecidas repentinas en cualquier parte del mundo. Pueden sobrevenir también crecidas repentinas tras un periodo de sequía, cuando las lluvias intensas anegan terrenos muy secos y endurecidos que el agua no puede infiltrar. Las crecidas adoptan múltiples variantes, desde las pequeñas crecidas repentinas hasta las inundaciones que cubren extensas áreas de tierra. Pueden tener su origen en tormentas muy intensas, tornados, ciclones tropicales o extratropicales (muchos de los cuales pueden verse intensificados por el fenómeno El Niño), monzones, obstrucciones de hielo o nieve fundente. En las áreas costeras, las mareas de tempestad causadas por ciclones tropicales, tsunamis o ríos crecidos por efecto de mareas excepcionalmente altas pueden también causar inundaciones. Los diques pueden desbordarse cuando los ríos que afluyen a ellos transportan grandes cantidades de nieve fundente. La rotura de embalses o las operaciones bruscas de regulación del flujo pueden también causar crecidas catastróficas. Las crecidas ponen en peligro las vidas humanas y los bienes en todas partes del mundo. En el último decenio del siglo XX resultaron afectados por crecidas en torno a 1.500 millones de personas.

Otros peligros naturales

  • Deslizamientos de tierra o de lodo
  • Avalanchas
  • Tormentas de polvo o de arena
  • Temperaturas extremas
  • Tormentas
  • Rayos
  • Tornados
  • Tempestades de granizo
  • Tempestades de hielo
  • Incendios forestales o de vegetación natural
  • Lluvia o nieve intensas
  • Vientos fuertes
  • Olas de calor

 

 

 

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